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Laura Van Severen

Del 22 de junio al 30 de julio CC Casa Golferichs

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Cuando hablamos de residuos estamos acostumbrados a una historia que salta de la A a la Z, de la botella PET al foro polar, o de los residuos mixtos a un punto ciego. Sin embargo, y como consecuencia de un imparable y veloz progreso, ahora contamos con una serie de materiales que la tierra no puede recuperar o que la ciencia no puede transformar de forma eficiente. Los vertederos se han convertido en el escondite de los residuos que no podemos digerir.

Durante muchas décadas (y en algunos países hasta día de hoy), los vertederos han sido el método más barato y común para deshacerse de los residuos. Cuando un vertedero alcanza su capacidad máxima se cubre con capas protectoras, tierra y vegetación, con el objetivo de integrar este nuevo accidente geográfico en el paisaje, donde lo artificial y lo natural convergen en una sucesión de capas superpuestas.

Como consecuencia de este acto deliberado de ocultamiento hemos perdido toda referencia de confrontación con la verdadera acumulación de nuestros residuos. No hay una conexión visible entre nuestros hábitos de consumo y su impacto en el paisaje. Ningún recordatorio, ninguna imagen que permanezca en nuestra memoria que nos alerte ante la próxima compra compulsiva.

Tras la Directiva del Consejo 1999/31/EC implementada en 1999, la UE estableció que el vertido de residuos municipales debe limitarse gradualmente hasta ajustarse al 10% para el año 2035. Esta práctica debería convertirse en un fenómeno marginal dando prioridad a la nueva jerarquía de residuos también conocido como las 3R: reducir, reutilizar y reciclar. Sin embargo, las montañas y socavones que hemos heredado de tantos años de vertederos, visibles o no hoy día, han marcado para siempre el paisaje que nos rodea.

Con el proyecto fotográfico “STRATA” Laura Van Severen muestra el resultado de un encuentro con las heridas abiertas de un sistema ineficaz. Antes de que los desechos queden ocultos y sellados en una burbuja al margen del tiempo, las fotografías nos permiten entrever la estructura interna del vertedero y nos invitan a reflexionar sobre las distintas maneras con que cada uno de los países documentados se enfrenta al objetivo establecido para 2035, siempre en función de su contexto geográfico, demográfico y político.

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