Vicenç Boned: “Creo plenamente en la tarea de los galeristas que son gente apasionada y que saben conectar con autores y darles visibilidad”

Vicenç Boned, entusiasta e incansable, es una de las personas que más a hecho por la fotografía en la ciudad de Barcelona. Primero desde su galería Tagomago, luego desde la plataforma Tagomago Collectors Project y ahora desde la sala Boned, desde donde tendrá una selecta oferta de fotolibro al lado de una pared de interesantes exposiciones en el corazón de Gracia. Vuelve al barrio y la zona donde desarrolló su trabajo como galerista para llevar a cabo una iniciativa con menos pretensiones pero con un marcado objetivo por seguir en brecha batallando por dar a conocer la fotografía y hacer apreciarse como lo que es, una imagen con múltiples lecturas.

Después de participar el año pasado en una de nuestras mesas redondas sobre coleccionismo, este año tenemos la suerte de contar con él como expositor y esperamos que sea para quedarse. Comentamos con este gran conocedor de la fotografía y el circuito actual para saber en que anda y en que andará próximamente. Cualquiera que lo conozca sabe bien que es una persona que habla claro, así que estamos encantados de contar con él para esta sexta edición.

Conoces bien el circuito de galerías de Barcelona y has participado de él muchos años, ¿qué crees que tenemos que mejorar en nuestra ciudad? ¿Por dónde crees que encontraremos la clave para desarrollar plenamente este circuito?

La idea misma de galería viene del siglo XIX y estamos en el siglo XXI. He hablado con muchos galeristas de diferentes países y siempre llegamos a la misma conclusión: el problema lo tiene Barcelona como París y Nueva York, el mundo ha cambiado, y mucho. Lo más evidente es la irrupción de nuevas herramientas de comunicación que han modificado los comportamientos. Se ha perdido esta conexión dentro de las ciudades entre una población interesada en las artes y los centros de exposiciones. Los viajes y el consumismo se han desviado hacia otros centros de interés. Pero soy optimista, y creo plenamente en la tarea de los galeristas que son gente apasionada y que saben conectar con autores y darles visibilidad. Luego, pasa que el objeto de colección no siempre se puede evaluar bien a través de una pantalla. Personalmente no me compraría un Picasso por Internet, iría a verlo a la galería.

Has trabajado con autores que ahora son referente y tu conocimiento del medio ha hecho que te reclamen como visionador en muchos festivales y portafolio review. ¿Cómo ves a los emergentes de ahora? ¿Cómo seleccionas a los autores y autoras que han participado tanto en tu galería como en tu nueva etapa? ¿Qué es lo que buscas en sus proyectos?

He tenido la suerte de encontrarme con muchos autores. Han sido horas de discusiones y visionados para entender sus trabajos y proyectos. Seguramente me he apoyado mucho en la estadística. Fueron unas cincuenta muestras que hice con la Galeria Tagomago, pero vi a más de mil autores. Entonces mi interés era más aprender de los artistas que buscar propuestas expositivas. Si hay una ocasión recuerdas perfectamente qué obras quieres incluir. Lo único que realmente me ha importado siempre ha sido la honestidad del trabajo, quiero decir la relación entre el autor y su narración más que la técnica, el discurso o el tipo de imágenes creadas.

En tu nuevo espacio has reducido las medidas de tu sala anterior y dividido claramente en dos partes, una para libro y otra para exposición. ¿Qué programación encontraremos? ¿Cómo encuentras las maravillosas piezas de anticuario que tienes? ¿Trabajas como un coleccionista-galerista? ¿Qué pesa más la faceta coleccionista o de la galerista? ¿Qué es más satisfactorio que te compren una obra que sabes que es un éxito o comprártela tú mismo?

Desde luego, me lo quedaría todo si pudiera. Pero no tiene sentido. Hemos coleccionado durante más de quince años y han sido momentos maravillosos. Tener la posibilidad de enmarcar y ponerte la obra en una pared de casa para poderla disfrutar cada vez que pasas delante es un placer infinito. Pero pronto se te acaban las paredes… Y desde luego nunca hemos especulado, han sido adquisiciones compulsivas y al azar de los encuentros. Luego he tenido el placer de vender obra con la galería. Me gusta mucho esta sensación de compartir este placer con otros. Así que intentaré proponer obras y objetos de colección, que sean libros o fotos antiguas como contemporáneas, pero que tengan un interés especial, que sean únicas o descatalogadas.

Desde el mundo de la fotografía, como en muchos aspectos del arte en general y la cultura, hablamos mucho de la creación de nuevos públicos. ¿Cómo crees que se consigue eso? ¿Estamos en vías de conseguir algún avance?

En el mundo de la fotografía, tenemos una particularidad añadida hoy en día: todo el mundo es fotógrafo con su smartphone. Quiero decir que normalmente las personas no se atreven a dibujar, pintar, escribir poesía o tocar de un instrumento pero sí todo el mundo hace fotos. Entonces hay una confusión muy grande entre el arte y la banalidad de tal gesto. Pero todo es cuestión de educación. Aunque la tecnología sirva también para informarse y pueda ser usada para alcanzar a gente interesada en cultura, no lo es todo. Hay una necesidad de atraer y educar mediante una metodología que dé a los espectadores las herramientas para que puedan ser críticos según sus propios gustos. Pero hay que educar el gusto.

Participas del Comissió d’Impuls del Pla Nacional de Fotografía. ¿Podemos tener esperanzas de alguna novedad es este aspecto? ¿Crees que finalmente se irán sentando las bases para que nuestra ciudad cuente con un tratamiento institucional adecuado para la fotografía?

Cuando estábamos iniciando el proyecto de Galería Tagomago me invitaron a una reunión en la que estaban muchos profesionales del sector de la fotografía. Intentamos ser un grupo de presión para que las instituciones, en este caso la Generalitat de Catalunya, nos atendiera y escuchara algunas reivindicaciones. (Te paso el historial de Llibres blancs y Jornades de los años 70 y 80). Me apunté por dos razones: la primera es que estoy convencido de la fotografía que hemos tenido, tenemos y tendremos en este país, es un tesoro. La segunda es que compusimos un grupo muy ecléctico con intereses muy diversos. Unos cuantos años después, seguimos batallando, van cambiando los interlocutores pero hay en Cataluña un Pla Nacional de Fotografía que hace oficio de ley. Van mejorando cosas y otras son más lentas como el tema enseñanza y docencia…

¿Qué les dirías a los expositores que se lo están pensando, galeristas, comisarios o instituciones de dentro y fuera de nuestra ciudad para que se animen a participar en Art Photo Bcn? ¿Qué te ha movido a participar en esta sexta edición? Sabemos que apoyas otros eventos que se desarrollan alrededor de la fotografía, ¿qué peculiaridades le ves a Art Photo Bcn?

A menudo he notado como un complejo en Barcelona de no ser “internacionales”… Pero creo que tenemos que centrarnos en nosotros sin miedo y sin comparaciones. No somos París, ni Nueva York y nunca lo seremos. Pero somos Barcelona, una ciudad con una historia y una calidad humana fantástica. Así que apoyo muchas iniciativas locales de diferentes ámbitos, ferias, festivales, para intentar realizar la tarea de enganchar al público de aquí. Como galerista/marchante necesito encontrar clientes, y no hay otro modelo que participar en una feria dedicada exclusivamente a la fotografía.

Para acabar la pregunta de rigor, ¿qué tiene que tener una imagen para que te conmueva?

Dependiendo del humor del día, puede ser un color, una composición, o algún detalle que entre en mis obsesiones de espectador como puede ser el protagonismo de una mano en la imagen.

 

📸 Toni Amengual